Venciendo al estigma de la diabetes y los niños/as en India (2/2)

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Si algo bueno tienen los errores, las decepciones y las experiencias amargas (o agridulces) es que de todas se aprende o se saca algo positivo. La historia de hoy va de las últimas; de cómo una situación difícil puede terminar en un bonito recuerdo.

 El tráfico normal en Hyderabad.

El tráfico normal en Hyderabad.

Las varias visitas que pude hacer a niñas y niños con diabetes en hospitales de la ciudad de Hyderabad (India) prometían una jornada agradable: pasar un buen rato con ellos, jugar un poco, darles una charla divertida para inspirarles a perseguir sus sueños…

Tras un tortuoso viaje por esa eterna ciudad (del tráfico, el ruido y la contaminación hablaremos otro día) llegamos al primero de los hospitales y el mundo pareció venirse abajo en un instante.

Allí nos esperaban lodo, basura y aceras rotas. Un polvo blanco a modo de desinfectante en las esquinas. Gente hacinada en el suelo de urgencias, piernas rotas, sillas de ruedas podridas; todo ocupando un pasillo largo, tanto como lo fue el paseo para atravesarlo. Las miradas estremecían. Qué olor. Qué silencio. Qué difícil.

Segunda planta. Cirugía plástica a la izquierda, endocrinología a la derecha. El lamentable estado de conservación del sitio contrastaba con la cálida bienvenida que nos dio su personal, que fueron el mejor ejemplo de cómo sobreponerse a la situación, por dura que sea, y de cumplir con sus responsabilidades.

Admito que me costó. Llegué con la idea de hacer reír y disfrutar a aquellos niños, pero me quedé en blanco. Tuve la suerte de tener unos minutos para pensar, y me acordé de por qué estábamos allí: para inspirar, para educar, para hacer ver a estos peques lo que valen y las posibilidades que tienen por delante.

Como mencioné en el primer artículo de esta historia, la sociedad en India (y muchos países) tiene a la diabetes totalmente estigmatizada, hasta el punto de excluir y maltratar a las personas que viven a diario con la condición.

Imaginad lo que debe ser para una niña o un niño pequeño el hecho de ser diagnosticado con una enfermedad crónica, tener difícil acceso a tratamiento y que aún encima le echen la culpa (¡como si la tuvieran!) y les digan que ya no valen para nada. Es terrible.

Las chicas y chicos en cada uno de los hospitales estaban siempre sentados en silencio, tímidos, sin saber muy bien qué esperar de aquello. Entre eso y la primera impresión del lugar, me tocó improvisar y cambiar el tono distendido que tenía pensado por uno más serio y contundente, más directo, que fuera realmente inspirador. 

Y al final de cada charla se vieron los resultados que queríamos ver: sonrisas, preguntas, ojos brillando, conversaciones, lágrimas de madres y padres… Valió la pena, sin lugar a duda. ¡Y sí, a mi también se me caía la lagrimilla!

 Un momento de sonrisas durante una de las charlas.

Un momento de sonrisas durante una de las charlas.

Me acordaré de muchos de ellos, como la niña que me preguntó: “señor: con diabetes, ¿puedo bailar? Me encanta, pero me lo han prohibido”. Le contesté que “¡claro que puedes, baila a diario!”. ¡Sonrió y se fue bailando y cantando! Qué fácil puede llegar a ser hacerles felices.

 Con mi compañero Mathias. Qué importante es tener grandes compañeros en estas situaciones

Con mi compañero Mathias. Qué importante es tener grandes compañeros en estas situaciones

También me acordaré del chico que nos contó cómo soportó burlas y prohibiciones, pero llegó a ser desarrollador de software y le va genial. Ahora se siente animado a ayudar a los más jóvenes a perseguir sus sueños.

Y así, con los cientos de niñas y niños que nos vinieron a ver. Allí había sueños de ser científicas, doctores, abogados, gimnastas, jugadores de criquet… Y estamos seguros de que todos ellos llegarán muy lejos, hagan lo que hagan. No se merecen pensar que son un estorbo para la sociedad. Ellos son el futuro, el ejemplo de superación y el cambio. Son quienes acabarán con ese maldito estigma.

La situación allí era y es dura. Pero entre todos pudimos hacer que niñas, niños, adolescentes, padres y madres, doctores… se sientan fuertes, empoderados y que sueñen en grande. Todos ellos cambiarán la diabetes en su país y en el mundo.

Nosotros, de momento, seguiremos aportando nuestro granito de arena y trabajando por cambiar estas situaciones tan terribles, que nadie merece.

No podía terminar sin alabar el increíble trabajo que el programa Cambiando la Diabetes en Niños está haciendo en tantos países y agradecer la oportunidad que me han dado en India, así como dar gracias a todos los que día a día luchan por las personas que viven con diabetes. ¡Juntos, somos imparables!

¡Estad atentos porque vendrán videos y fotos de los eventos! Podéis seguir en Facebook y Twitter a este blog o a Brais Dacal en Facebook, Twitter e Instagram. ¡Nos vemos!

 Una foto en uno de los hospitales que pudimos visitar con el programa Changing Diabetes in Children.

Una foto en uno de los hospitales que pudimos visitar con el programa Changing Diabetes in Children.

Brais DacalComentario